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Sabanilla

LA BESTIALIDAD DEL CHACAL Y SUS SICARIOS

 Por Ulises Espinosa Núñez

ulisesen@enet.cu

 

 Al chacal Fermín Cowley y sus sicarios de Holguín, ciudad del este cubano, no les bastó con el Regalito de Navidad que enviaron a 23 hogares, entre ellos a 10 de Las Tunas, sino que les era preciso avasallar a los dolientes que 48 antes habían perdido a uno de sus hijos, mandado a matar por la sencilla razón de ser enemigo de la dictadura de Fulgencio Batista, en aquella luctuosa jornada nocturna de Las Pascuas Sangrientas.

 

 Estaba vez, la meta sería irrumpir en los velorios o peregrinaciones fúnebres, precisamente en la ciudad de Las Tunas, a modo de modalidad ejemplar para quienes habían osado pronunciarse contra los hechos criminales del 25 de diciembre anterior, y escogieron los entierros de dos notables tuneros: Pelayo Cusidó Torres y Aquiles Espinosa Salgado, el día 27.

 

 Pero, Cowley no llegó durante la marcha combativa que protagonizó el pueblo tunero, sino durante el momento en que compañeros, amigos y familiares se aprestaban a sepultar a Pelayo en el cementerio local, y parece que en aquel momento las voces antibatistianas eran altas, al punto que el chacal después de lanzar improperios contra los policías presentes ordenó a sus sicarios arremeter contra los presentes.

 

  No solo eso, sino que las armas castrenses comenzaron a disparar contra la manifestación y por sobre las tapias, cercados, puertas y ventanas de las casas de los alrededores la gente buscó salvar sus vidas, y allí en  el suelo, colmado de coronas, de llantos y gritos de indignación impotente, quedó el ataúd de Pelayo Cusidó, máximo dirigente de la lucha antibatistiana en Las Tunas y la entonces provincia de Oriente.

 

Él había sido de la izquierda auténtica que lo siguió durante las protestas del10 de marzo de 1952, cuando Batista propinó el golpe de estado al presidente Carlos Prío Socorras. Luego a esa izquierda la organizó en la clandestina Triple para cuyos miembros había recibido armas desde la República Dominicana.

 

 Otro absurdo cometido por Pelayo tras la asonada fue renunciar a la administración de la Zona Fiscal y rechazar la oferta de la alcaldía de la  ciudad que Batista le propuso, y por demás, hasta el día de su muerte temerario luchador revolucionario que entregó al Movimiento 26 de Julio, de Fidel, a todos sus hombres para continuar la lucha bajo su liderazgo; eso ocurrió el 20 de diciembre de 1956.

 

En solitario, la familia realizó el entierro, y en consecuencia, de aquel festín solamente quedaron los recuerdos, porque los fotógrafos profesionales o aficionados perdieron sus cámaras y rollos con la evidencia, a quines Cowley les había requisado los equipos, y por eso no hay una gráfica del acontecimiento, que pudo repetirse en Las Arenas, donde se enterraba a Aquiles Espinosa, asesinado junto a Pelayo, pero distantes uno de otro.

 

 Aquiles había sido hasta Las Pascuas Sangrientas, amigo y compañero de Pelayo Cusidó y no es de extrañar que cayeran en aquella orgía, en tanto en la lucha contra Batista lugarteniente político, dirigentes los dos de la clandestina Triple A.

 

 En su tránsito hacia la ciudad de Las Tunas, ya entrando a ella en Las Margaritas, Cowley se cruzó con una comisión de miembros del Movimiento 26 de Julio  que llevaban una ofrenda floral para Aquiles, la que se percató de que el esbirro se dirigía para el entierro de Pelayo, por eso al llegar a la casa de Aquiles, dieron a conocer eso y se adelantó el entierro.

 

 Poco tiempo después el chacal llegó al cementerio de Las Arenas, pero ya era tarde, había sido sepultado, la gente dijo lo que les dio la gana contra Batista y Cowley no pudo impedirlo.

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