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Para acabar con Cuba

Para acabar con Cuba

Por Ulises Espinosa Núñez

 ulisesen@enet.cu

 

Acabo de ver la película Che, el guerrillero, en cuyo final me conconvencí de que aquellos militares a los cuales enfrentó el legendario combatiente cubano-argentino, carecían de honor profesional y mucho menos dignidad humana, porque en las circunstancias del desenlace del combate final, aquel hombre era un prisionero de guerra que estaba herido, y como tal era obligatorio atenderlo.

 

El Che pudiera estar vivo hoy, pero era preciso hacerlo desparecer, asesinarlo a sangre fría, hacer desaparecer su cuerpo, esconderlo de la ruta de su ejemplar acción revolucionaria, que ya se ha visto, permeó al mundo entero con sus ideas, a las masas desposeídas de distintas generaciones que después enarbolaron sus banderas contra la explotación, la discriminación y el abandono político y social de los pueblos.

 

Además de quitarle la vida por orden del gobierno de los Estados Unidos, los militares envilesidos y borrachos, consideraron que era poco y para mayor ignominia, les cortaron las manos, tal veza que después de muerto no empuñara las armas, y fue todo lo contrario en América Latina, en África y Asia, y el Che así seguió viviendo.

 

Con la misma saña el imperialismo norteamericano fiscaliza el cumplimiento de su política de bloqueo económico, comercial y financiero contra Cuba, impuesto con la malsana pretensión de causar daños físicos a la población cubana mediante el hambre, las enfermedades, y que éstas se rebelen contra la Revolución Socialista y sus líderes, empeño frustrado durante más de 50 años, en los cuales la unidad de los cubanos se hizo férrea en la resistencia.

 

Lo mismo que pretendieron con el asesinato del Che, han querido hacer con Cuba, y con Fidel Castro mediante más de 630 planes de atentados personales, y aquí está la Isla, gallarda e inconmovible, mientras el Che sigue siendo bandera y paradigma en el mundo, y el Comandante en Jefe está dando batalla.

 

Estas coincidencias me las ha hecho expresar de manera sencilla y rápida, un poema publicado en el diario Juventud Rebelde, el 20 de marzo de 1990, que guardé por retratar de manera auténtica la trascendencia de Cuba con su fulgor universal en  lo político y social; se trata de una pequeña obra poética en la que Adrián Mitchell, el autor, conjuga y vincula la significación del Guerrillero Heroico y la Nación donde alcanzó vida imperecedera.

 

Se lo reproduzco, para que lo difunda usted, en la más exacta visión de la estatura de este péqueño país:

 

CÓMO MATAR A CUBA

 

Hay que quemar primero al pueblo

Después las hierbas y los árboles,

luego las piedras.

Hay que borrar la Isla de todos los mapas,

De los libros de historia, de los viejos periódicos,

incluso los periódicos que odiaban a Cuba.

Y quemar todo esto,

quemar los cuadros, los poemas, las fotos,

las películas.

Y cuando todo esto esté quemado

es preciso enterrar las cenizas,

montar guardia en la tumba

y aun entonces,

Cuba sólo estará muerta igual que el Che Guevara,

técnicamente muerta, nada más,

técnicamente muerta.

 

Por eso es que el bloqueo, la ferocidad imperialista, sus amenazas, ni siquiera bajo bombas nucleares, los cubanos no dejarán de levantar sus rojos estandartes en defensa de su obra, por la cual se trabaja y se empuñan las armas, mientras se perfecciona la sociedad y fortaleze la unidad; Cuba ya demostró que el mundo nuestro es posible, el que construye para su pueblo y es referencia para el que quiere dominar el imperialismo yanqui.

 

Una mirada a la Europa de estos días le podrá demostrar que las conquistas de los cubanos no es ficción ni propaganda mediática, es socialismo real Made In Cuba.

 

Adrián Mitchell es un poeta, escritor, productor y periodista, que nació en Londres el 24 de octubre de 1932, quien estudió en la Universidad Oxford y pasó su servicio militar en las Reales Fuerzas Armadas del Reino Unido.

 

 

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