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Sabanilla

Respuesta a una rusa (1)

-Respuesta a una socióloga rusa que no se identifica por cuestiones de seguridad ¿A quién le temerá?

 

Ulises Espinosa Núñez

 

Una socióloga rusa me escrito ujn mensaje, lo cual agradezco sinceramente, por venir de una hija de la Nación cuya historia y pueblo quiero y admiro desde que era un adolescente, cuando leí de allá la novela testimonial La cuarta altura. Entre muchos fue el primero que devoré.

 

Reconoce la remitente que estoy bien informado sobre la vida de mi país, pero le aclaro que también de este mundo que está patas arriba, como afirma el colega uruguayo Eduardo Galeano, y de eso me ocupé desde que fui alfabetizado en el campo a los 11 años de edad, al lado de mi casa poco después de triunfar la Revolución, en una escuela que nunca antes tuvo maestro.

 

Quiero ser gentil con ella, por tanto me remito a las observaciones que ella hace, y la primera es la que se refiere a la amnistía en 1955 del joven revolucionario,  Fidel Castro Ruz, preso en Isla de Pinos a mediados de la década del 50 del siglo pasado, por el asalto al Cuartel Moncada, en una gesta que se proponía una insurrección nacional contra la dictadura de Fulgencio Batista.

 

Por la liberación de los jóvenes asaltantes trabajaron muchas personas, otras ayudaron, hicieron gestionenes, simpatizantes de la causa de los moncadistas o no, familiares y batistianos, algunos por cuestuiones de afinidad, lazos filiales o relaciones económicas y políticas, mas, nadie podrá negar que fueron las masas populares, el pueblo liderado por el Partido Socialista Popular, la Federación Estudiantil Universitaria, el Frente Cívico de Mujeres, la Central Sindical, militantes de izquierda y gente honesta de otros partidos.

 

No obviemos que Batista también contribuyó a ello, pues carente de credibilidad y de respaldo popular, y con la cañona que daba violentando la ley por legitimar su gobierno en las elecciones de 1954, accedió a liberar a Fidel y sus compañeros, para congraciarse con el gobierno de los Estados Unidos, que necesitaba esa brecha para continuar llenando el vientre al gorila con armas y apoyo político, diplomático y financiero.

 

Lo que por entonces hicieran algunos por asuntos familiares queda sencillamente ahí, sobre todo para un líder como Fidel, quien estando todavía en el presidio, le escribía a Melba Hernández y Aideé Santamaría, heroínas del Moncada, pero ya libres y en la lucha por su excarcelación:

 

“ No verán en nuestro Movimiento (26 de Julio) la presencia de ningún Fico, Gerardo Vázquez representantes de la gran gran burguesía cubana y comparsa, sino gente nueva, humilde, luchadora, pobre, que no ha ocupado nunca ningún ministerio, ni actas de senadores o representantes ni participado nunca en ningún negocio turbio o transación política… (el Movimiento) se presenta con un programa social de ambicioso contenido que mira por encima de todo el interés de las clases humildes y explotadas”.

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