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La Patrona de Cuba (1)

La Patrona de Cuba (1)

Por Ulises Espinosa Núñez

ulisesen@enet.cu   


Ese bello rostro femenil, icono de la adoración divina, creo que vine a descubrirlo como algo propio allá por 2010, cuando leí en Holguín con avidez, todo lo que contaba el almanaque de ese año, editado por la Iglesia Católica, promocionando la celebración del 400 aniversario de la aparición de la         Virgen de la Caridad del Cobre, ocurrida el 8 de septiembre de 1612.

Mucho supe de esta historia no bíblica, todo lo asocie a algo que de niño vi, y es el amor patrio que ricos y pobres en Cuba sintieron siempre por la Santa Patrona, desde los remotos tiempos en que un supuesto naufragio la hizo recalar en las costas de la Bahía de Nipe, hasta que su peregrinar por un Santuario la hiciera asentarse defitivamente en El Cobre.

Los infortunios de la familia y la pareja, las desventuras en el amor, las desgracias que marcan a la gente, la creencia de que ella todo lo puede porque alumbra a la familia cubana, la hacen destinataria de todos los ruegos, de las promesas que se han pagar por la concesión de lo pedido, pues hacia abajo, ilumina y protege a todos sus hijos por igual, dicen los devotos.

Pero hay historias muy gustadas, esas que inflaman el pecho del patriota, pues por lo conocido ella es mambisa, solidaria e insurrecta, que anduvo sobre el pecho o al cuello de los combatientes que lidiaron contra el martirio esclavista español, y de los otros que décadas después también se fueron a la manigua y las serranías para pelear contra la dictadura batistiana.

Todo va mucha más allá, porque el querer hacia la Virgen de la Caridad del Cobre se disuelve en  todo simbología, ya que en lo imaginario y simbólico ella es para el cubano leal como la palma misma, esbelta y bella, o tal vez la mariposa blanca y olorosa que la mujer se prende a la cabellera, y hasta se nos puede antojar que es  nuestro Himno ardoroso, el Escudo .

Con la Virgen de la Caridad del  Cobre comulgaron los hijos más ilustres, los más humildes, y todos por igual dejaron allá en la colina la prenda valiosa que tributaron en promesas, y a la altura de este 8 de septiembre de 2012, a EL Cobre todavía se va en misión pagadora, o  a saldar un viejo anhelo, después que se logró el cumplimiento de lo que a ella le pidieron unos y otros.




Un día estuve  en El Cobre, fui a llevar a un hermano a pagar una promesa, y realmente, el asombro por lo que vi me hizo olvidar las palabras: los nombres más ilustres, las cunas más brillantes, los artistas y deportistas más famosos estaban allí en las dedicatorias a la Patrona de Cuba, junto a   joyas, los objetos más importantes, valiosos  y singulares, como una forma de patentizar el amor y la adoración, el culto sincero.

Hace un tiempo atrás, acudí al Cementerio de Las Tunas, donde serían extraídos los restos mortales del guerrillero Israel Santos, un joven tunero caído en la toma de la ciudad de Santa Clara, integrante del Pelotón Suicida; pues bien, en  el osario de aquel combatiente, entre sus huesos y collares de cuentas y semillas estaba, como talismán, la medallita con la imagen querida de la Virgen de la Caridad del Cobre.

No soy creyente en poderes sobrenaturales, ni en la mística de los santos, y lo que siento hacia esta mujer de la Nación Cubana, es lo mismo que profeso hacia mi Bandera, el Escudo, el ritmo temperamental del Himno Nacional o todo lo que me represente a mi patria y su pueblo. Es así como este mortal que no reza ni cree, no hace ni paga promesas religiosas, que no va a iglesia alguna, le rinde homenaje, porque para mi la Virgen de la Caridad del Cobre es Cuba.

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