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MI HIJA LLORÓ CONMIGO EN VENEZUELA

Por Ulises Espinosa Núñez

ulisesenli@enet.cu

 

 Mi hija Yaroslán está en Cojedes, donde cumple misión cubana como laboratorista de la Salud, que ejerce acá en Las Tunas, en el policlínico que lleva el nombre de mi padre, Aquiles Espinosa, y le escribí de cuánto hemos sufrido la muerte de Hugo Chávez, por quien acá en Cuba las lágrimas fueron de hombres y mujeres, de los niños y los jóvenes. Le escribí luego de publicar en estas páginas dos comentarios sobre la repercusión de esta desgracia y narrarle lo que este acontecimiento se hizo sentir en nuestro barrio.

 

Todo cuanto le dije era sobre un espectro luctuoso y que me hizo recordar la desaparición de Camilo Cienfuegos, aquel carismático líder de la Revolución Cubana desaparecido sin rastro alguno, 10 meses después del triunfo de enero de 1959; aquella conmoción fue similar a esta: el pueblo volcado a las calles y llorando en masa.

 

Ella acaba de contestarme este jueves 14 de marzo; me dice:

 “Así es, muchas lagrimas he derramado hasta desesperarme por la muerte de  ese hombre tan grande que solo la muerte pudo vencer; es un orgullo estar en este país acompañando a todos los que lloran esa pérdida irreparable y que seguirán llorando, pues él es el pueblo: eso quedará en la linda historia de Venezuela y solo los que han amado a Chávez y valoran esa grandeza que
nació con él, podrán sentir el vacío que dejó, pero con la consigna “yo soy Chávez”, Maduro tendrá el voto del pueblo, porque así lo manifiestan, sin miedo, diciendo a gritos Maduro estamos contigo.

 

 Conoce mi hija mi vocación revolucionaria y que de la misma manera que con Fidel y Raúl Castro, así estoy identificado con las ideas de Chávez, cautivado también por su carisma y magia en su personalidad, y tal vez por esa línea, ella me puntualiza: “por mi parte te diré que no sentirás vergüenza de mi jamás, pertenezco al Ejército de Batas Blancas, y si la tengo que cambiar por un fusil lo haría con gusto, sin pensar en nada, ni con flojera, eso fue uno de los valores que me enseñaste con tu educación, igual que mi madre, mi tío, mis hermanos;  no seré nieta de sangre de Aquiles Espinosa, pero seguiría su ejemplo para que no sintiera vergüenza de estar dentro de los Espinosa, como nieta adoptiva".

 

“No tengo miedo,  solo un enorme dolor de haber perdido al Presidente del amor, al que la tele le ha dedicado muchos programas y, verdaderamente,
no hay duda que Chávez es corazón del pueblo; ¡que entrega tan honesta,
sencilla, con tanto amor al pobre, que atención tan especial a todo el que
pudo acercarse a él para que lo ayudara, cuántas anécdotas del pueblo”.

 

La muerte del líder bolivariano se quedó una impronta que ahora su propio eslogan: Con Chávez y Maduro, el pueblo está seguro, El chavismo está Maduro, expresiones de un pueblo que sobre el dolor ha jurado continuar con Chávez, y apunta Yaroslán:”Con lágrimas y dolor le gritan que el voto es de Maduro. Espero que puedan apreciar por TV todo lo que les cuento, sino, han perdido algo que jamás se repetirá en la historia de Venezuela, porque él era un hombre único.

Recuerdo a todas ellas, dile a Fela (la madre de quien esto escribe) que cuando dieron la noticia de la muerte de Chávez me acordé de muchas personas en Cuba que sabia lo iban llorar, y una de esas personas era ella, también mi mamá,  mi tío, mi familia y todo el pueblo cubano, que sin duda lo hemos querido.

 

“Esto fue una experiencia extraordinaria  que no volveré a vivir: las personas llorando como a un familiar… yo estaba de guardia ese día y cuando fueron avisar de la triste noticia me volví loca, llorando sin control,  no
entendía cómo la muerte se había ensañado en un hombre que necesitaba y
merecía  vivir para terminar la obra que comenzó; confiaremos en Maduro
para que la continúe; ojala no tengamos que volver a sufrir algo así por muchos años”. 

 

Así concluye  mi hija su mensaje, dejándome con lágrimas y un doloroso nudo en la garganta, solo que esta vez han sido de orgullo por esa entrañable y bella criatura que dentro de poco arribará a sus 50 años, por poquísimo casi todos a mi lado. Gracias Yarito, por esta grandeza que me muestras, siempre supe que la tienes.

 

 

 

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