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Sabanilla

Ojalá

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Por Ulises Espinosa Núñez

ulisesen@enet.cu

A pesar del desconcierto que me causan los periódicos resultados electorales en la Europa de la OTAN, siento una satisfacción enorme por el triunfo de la izquierda francesa, la que haciendo honor a su paradigmática historia, retoma nuevamente el camino de la dignidad.

Se recuerda ahora que tras el ascenso de Francois Mitterrand,  a la presidencia, y después de alejarse de la magistratura y de la escena política internacional, nadie más del Partido Socialista en los últimos 17 años había llegado a asiento tan alto como este al que  accede Francois Hollande, precisamente en contienda frente a Nicolás Zarcozy, un político de rancia derecha.

Zarcozy, fue un presidente que unió a Francia a las peores causas de este mundo, como las guerras contra el terrorismo, que lidera Estados Unidos, y que en política y economía no es más que otro reparto del mundo mesoriental; también lideró la xenofobia, y proyectó políticas antipopulares para los trabajadores y desvalidos de los 27 países de la Unión Europea.

Afortunadamente, parece que los hombres, mujeres y jóvenes de la Marsellesa, no se marearon en la jornada anterior al sufragio, cuando reflexionaron  y determinaron que no había porqué regalarle un desmerecido segundo mandato al prepotente hombre que encabezó en  el viejo continente la primera cruzada contra los gitanos.

Si bien Hollande no tendrá muchos aliados oficiales para realizar su política nacional y continental, al menos sí lo respaldarán las masas europeas, en particular los trabajadores, los jóvenes desempleados y desprotegidos, los inmigrantes, las mujeres y los asistenciados de Francia y todo ese convulso continente.

El regreso a la esperanza, o el rescate de ella, es lo que ha ocurrido en el país de la Bastilla, y con  el acontecimiento llegó el espaldarazo el a Hollande, que ahora se verá enfrentado a la política guerrerista de Barack Obama, quien  involucró al galo presidente anterior en la conquista de Libia, del cerco a Siria y las amenazas a Irán, y el bloqueo a Cuba, con la servil posición común que Estados Unidos impuso a los gobiernos de Europa.

Igual sucederá con Ángela Merkel, quien con Zarcozy como aliado de extrema derecha aplica una política de austeridad que afecta a muchos millones, entre ellos los que pierden sus empleos, la protección en la salud, las viviendas, el encarecimiento de los alimentos, los subsidios, además de haber hecho una pésima política exterior de sometimiento a la globalización unipolar de Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Alemania y otros países que como mosqueteros son guardianes de los intereses yanquis en el mundo.

Vengan el cambio y la ruptura, si se quiere credibilidad para Hollande, que parece llegar por el camino de Mitterrand.

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