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Se requiere comprensión para lo que viene

Se requiere comprensión para lo que viene

Por Ulises Espinosa Núñez

ulisesen@enet.cu

 

Para muchos, la economía cubana es deficiente, casi apocalíptica, que necesariamente requiere reformulación, porque tanto el país como los trabajadores y sus familias, lo necesitan, pero tal punto de vista muestra una insólita superficialidad pues una base económica tan deprimente no pudiera sostener tantos programas de protección social, en los cuales se incluyen las gratuidades idealistas que se mantuvieron hasta ahora.

 

Por la ruta que andábamos la economía cubana pudo llegar a la asfixia, con  insolvencia financiera, baja productividad, fuerzas productivas no bien aprovechadas, potenciales en recursos no explotados, más un bloqueo imperialista que apenas nos deja cierta holgura para maniobrar y burlarlo; eso lo comprende la gente, lo saben los trabajadores.

 

Y entonces, si perfeccionar nuestros esquemas y modelo eran reclamados por todos, pero con serenidad, entonces no es bien asimilable que ahora queramos todo eso, pero sin que nos roce siquiera la piel el complejo de medidas que llegaron con los Lineamientos que hemos debatido.

 

La Revolución y el Socialismo en Cuba es un asunto de todos, y lo mismo que esfuerzos y consagración, los sacrificios excluyen solamente a los que están imposibilitados por salud y edad a producir o servir en algo, porque basta ya de que todo lo queramos del Estado, y a regañadientes demos lo mínimo, cuando nos hemos creído en el derecho absoluto de todo y poco del deber ineludible que tenemos.

 

La reorganización del Estado, la reestructuración de las infraestructuras, y la eficiencia del modelo, necesitan apoyo y comprensión totales de los responsables de llevarlas a efecto, y ese es el pueblo, porque no hacerlo es distanciarse de la Revolución, quizás para quedar en el desamparo, porque a quién se le puede ocurrir pensar que Estados Unidos y Miami le propondrían algo mejor a los cubanos, que ayer mismo nos despojamos del capitalismo.

 

Hay que vivir sin egoísmo en la obra de la construcción socialista, entendiendo que la suerte está echada en esta coyuntura de que hay que hacer un mejor socialismo, con recetas cubanas, surgidas y patentizadas en la Isla cual propiedad intelectual, como garantía de Cuba, que sí tiene algo nuevo que mostrar en el Siglo XXI, pero de la centuria XX porque ya no podemos inventar otro modelo, sino actualizar el nuestro creíble hasta ahora.

 

En esta época, solamente dos sistemas se disputan credibilidad: el capitalismo, con su diseño neoliberal que tiene a decenas de países patas arribas, hasta a los de las grandes potencias, y el socialismo profundamente humanista y creador, que de punta a cabo puede enseñar Cuba, y ese es el factor de triunfo en el empeño renovador.

 

Los sistemas socialistas que en el mundo se instalen por la voluntad popular tiene que partir de ese principio legitimidad, para que sea exitoso, sin cabida a recetas estándar, como lo hace el capitalismo, que apela al neoliberalismo universal, que es al propio tiempo su tumba, ya que no tiene nada más que inventar para sobrevivir, y esa es también la causa de las revueltas globales que se están dando en el mundo que están derribando kalifatos y monarquías.

  

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