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La misma Revolución Agraria de Fidel

La misma Revolución Agraria de Fidel

Por Ulises Espinosa Núñez

ulisesen@enet.cu

 

Quizás alguna vez se pensó, hasta en los propios cubanos, que la Revolución Agraria que Fidel Castro había anunciado para el futuro en el país, en su alegato La Historia me Absolverá, concluiría con la Primera y Segunda Ley de Reforma Agraria que entregaría la tierra a los campesinos explotados por los latifundistas nacionales.

 

Tal vez se creyó, que una vez convertidas en Granjas del Pueblo aquellas extensas ricas y tierras, usurpadas por la oligarquía nacional y los propietarios norteamericanos los asuntos sobre el suelo patrio y la soberanía revolucionaria que respecto a él se ejercería tras la victoria de enero de 1959, había acabo el capítulo de las luchas reivindicadoras emblemáticas de Realengo 18, en Guantánamo y, en Las Tunas, Las Maboas, Virama y Limones.

 

Entre el período de 1959 a 1992, pasaron 31 años, en los que la Revolución Agraria registró saltos como los de la asociación de los campesinos en cooperativas de propietarios individuales asociados en las llamadas hasta hoy CCS, después llegó el momento de crear una forma socialista superior de propiedad, que fueron las Cooperativas de Producción Agropecuaria (CPA), acogidas a créditos y mercado seguro con el Estado.

 

En 1992, ante coyunturas excepcionales, en las que desaparecieron el campo socialista y se desintegró la Unión Soviética, Cuba corrió el peligro de una agresión e invasión militar norteamericana, suponiendo impunidad por la supuesta soledad de la Isla, ante lo cual el Partido Comunista de Cuba decidió entregar en unidad cooperativa las granjas estatales que se convirtieron en las conocidas UBPC agropecuarias.

 

La fortaleza de la Revolución Cubana conjuró el peligro por su fortaleza en LA unidad política, pero en tal caso de que la amenaza yanqui se hubiera consumado, los agresores y los atizadores de Miami habrían tenido que quitarle las tierras a los dueños de las UBPC únicamente por la punta de los fusiles que seguramente tendrían para defenderlas.

 

Pero la revolución agraria de Fidel Castro concluyó con aquel capítulo, pues recién acaba de iniciarse otro, tal vez conclusivo, por orientación de la máxima dirección política del país e invocada por Raúl Castro, el Consejo de Ministros acaba de emitir la resolución 259 mediante la cual todas las tierras ociosas comenzaron a ser entregadas en usufructo gratuito a personas naturales y jurídicas dispuestas a hacerlas producir, y eso es ya un hecho irreversible que ha comenzado a dejarse ver sobre la mesa por sus resultados agrícolas y pecuarios.

 

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